testimonios


Alguna vez fuí elefante

He comenzado este nuevo camino desconocido, no sé como caminar, como moverme, estoy congelada de miedo, de incertidumbre, se que llegaré al final, la forma es una interrogante. Sin embargo hay algo muy fuerte que embriaga mi cuerpo, no sé si la palabra “AMOR” es suficiente porque es algo mucho más grande, no estoy sola  tengo al compañero de mi vida apoyándome y acompañándonos el uno al otro, es también su camino y lo vivirá a su manera.


Despierto muchas noches sudando pensando si será verdad lo que me está pasando, si no estoy soñando. Veo mi cuerpo y confirmo la realidad, hay algo creciendo dentro de mí. Quiero prepararme para tan anhelado momento, estoy muy ansiosa y comienzo a preparar el espacio que ella ocupará una vez afuera, yo pienso que eso me ayudará a estar más tranquila, pero no lo logro.
Mi instinto es buscar alguien que me solucionara los “problemas”, en esa búsqueda me topé con personas que además de cortarme las alas, me llenaron de  más de miedos, no sabía exactamente qué era lo que quería, solo sabía que no quería que mi proceso fuera como el de la mayoría de las mujeres que me rodeaban en ese momento, esas que me contaban sus historias y en sus historias ninguna de ellas se hizo cargo de ellas mismas, solo se depositaron en las manos de un doctor y en el frio de un quirófano por miedo al dolor, en un ambiente hostil, rodeadas de personas que no respetan el cuerpo ni la integridad de esas mujeres. Así llegaron al mundo esos seres humanos incluso yo. Sin embargo no  me doy por vencida.


Después de tanto buscar, ya me sentía desilusionada, sentía que no encontraría una forma diferente de traer a mi bebé al mundo. Fue ahí donde encontramos la respuesta a nuestras dudas y supe que nadie tendría que solucionar nada porque en realidad no había un problema. El universo conspiro a mi favor para poner en mi camino a dos ángeles maestros, el primero mi médico Sergio Velasco, un ser humano maravilloso que da la impresión de ser muy enérgico, pero su misión para con nosotras las mujeres me hizo convencerme de que quería estar ahí y el otro ángel solo apareció por casualidad. Ella no se rige por reglas sino por el instinto y por el amor. Con una frase supe que me ayudaría mucho a trabajar para lograr llegar al final del camino de una  manera distinta. “No vengo a contar mi historia, vengo a ayudarte a construir tu propia historia” fueron las palabras de Jackie, mi doula. Nunca pensé que llegaría a crearse un vínculo tan grande  y ahora ella es mi hermana.
El proceso no fue fácil. Había muchos pensamientos: si sería buena madre, si podría tener un parto natural, si sería capaz, si me dolería mucho. La realidad es que las respuestas a todo eso las tuve que buscar dentro de mí, tener mucha confianza en mí misma, escuchar a mi corazón y vincularme con ese ser que en ese momento ya sabía que sería niña.


Cuando menos lo pensé encontré la tranquilidad y la paciencia, todos mis miedos desaparecieron, y me conecte con mi yo natural. Ya han pasado 39 semanas en las que fuimos una sola Andrea y yo, generamos un vínculo muy fuerte, nos comunicamos a nuestra manera, solo me deje fluir, como cuando estás en el mar y te arrastran las olas, es ahí cuando salió mi yo natural.
Estoy tranquila, pero estoy alerta a cualquier cambio, es de madrugada y ya comienza el final de este hermoso camino. Mi cuerpo me dice que hacer, en qué posición me siento más cómoda, no permito que nadie me diga qué hacer, solo nos sentimos ella y yo. Me meto a la regadera y conforme siento movimientos, me imagino que está bajando para salir, todo este proceso dura unas cuantas horas pero como estoy consciente de lo que está pasando no se me hace eterno, en un momento sentí morir pero ahí estaba él para alentarme y ayudarme a no claudicar, siempre con sabias y oportunas palabras.


Llega el momento en que ya no siento dolor como tal, la hormona del amor hizo su efecto, lo único que siento son las ganas de ayudarla a salir, permito que me acompañen, que me toquen pero con cierta reserva. No estoy consciente. Llevo a cabo los consejos que ahora son íntimos y muy míos. Ya es hora de ir donde nacerá Andrea, ya es una realidad en cuestión de horas seré madre por primera vez.
Llegué al hospital y pensé que como era primeriza tendría poco de dilatación. Llego con el doctor y me dice que estoy lista que si quiero puedo tener a Andrea ahí mismo, espero a que llenen la tina total ya estoy ahí. Me sumerjo parcialmente en el agua, están los que deben estar, hay velas, luz tenue, incienso, flores y música es un ambiente tan cálido es un lugar en donde podría hacer el amor.
Me siento tan cómoda, esta es la forma en la que quería traer a mi bebe al mundo, me siento muy fuerte, poderosa, feroz, protegida, pero nunca antes tan natural.
Estoy lista para ir por ella y regresar juntas al aquí y al ahora, pero algo pasa me siento muy grande me empiezo a mover de un lado al otro al ritmo de las contracciones, de repente  me convertí en un elefante, sentía como el agua me pegaba en mis patas mi mano de pronto se convirtió en una trompa fuerte que se sostenía de la llave de la tina, mis sonidos, empecé a bramar fui sintiendo como bajaba mi bebe poco a poco. Solo pensaba en ella y en mi, todo lo banal quedaba de lado en ese momento no estaba inhibida solo estaba abierta a todo lo que estaba pasando, estaba en la posición en la que me sentí más cómoda.
Con el movimiento poco a poco fue asomando su cabeza, logre tocarla sin miedo, me salen lagrimas de emoción, no puedo creer lo que está pasando por fin me sostengo de mis dos robles protectores, es el último esfuerzo, sale la cabeza por completo, lo demás fue tan rápido y tan sutil  estoy feliz y regreso por fin a mi cuerpo.
La toco y la realidad me supera en cuestión de segundos ella sale por completo, tan rápido que no me alcanza el tiempo para suspirar. La tocó y la levanto poco a poco ella me mira con esos ojos que son el reflejo de él. Desde ese momento supe que no me alcanzaría la vida para demostrarle cuanto la amo.
Por fin la pude llevar a mi pecho y ella me reconoció enseguida, mi bebé sigue con la mirada fija en mí, seguimos conectadas. Es un momento mágico. Acaba de llegar a este mundo una mujer que empezó a escribir su historia con un nacimiento hermoso.


Mujeres, amigas, hermanas atrévanse a creer en ustedes mismas, a escuchar a su cuerpo. Este es el testimonio de una mujer más que venció su miedo, que no dejo que nadie le coartara sus sueños y que está feliz de compartirlo.
Gracias Bala, Andrea, Jackie, Sergio, Mamá por compartir este momento conmigo.

MIRIAM DEL CARMEN VARGAS OLMOS

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Entre ángeles queriendo ser bruja

Mi abuela nos contaba que las brujas no eran como en los cuentos, que eran personas como nosotros, que se veían como cualquier otra persona y que lo único diferente es que no tenían piernas, que con brujería se hacían unas de palo pero que de noche se las tenían que quitar pues les dolía tenerlas durante todo el día, así que se las quitaban, las guardaban junto al fogón y salían a volar en sus escobas.


Ya estábamos en las 39 semanas y 3 días, era miércoles 23 de marzo, con mucho esfuerzo salimos a caminar al parque, llevamos a Xoxo a que la bañaran pues sabíamos que ya no tardarías en nacer y ella tenía que estar limpia para poder estar con nosotros… ese día tu abuela estuvo con nosotras desde la mañana y  no cabe duda que desde antes de que nacieras ya te consentía… nos hizo de comer lo que más me gusta que haga: ¡¡¡croquetas de papa!!!, por la tarde el cansancio ya se me notaba, tus movimientos en todo el día habían sido más fuertes pero más lentos, ya no cabías, el momento estaba cerca, lo presentía, tal vez en un par de días nacerías, pero esa noche empecé a sentir que "algo" pasaba en mi, tus movimientos en mi eran diferentes. Cada vez era más frecuente que te pusieras durita y comencé a sentir como mi cuerpo se iba preparando para el momento de tu llegada, habían iniciado leves contracciones.... ¡en poco tiempo estarías con nosotros!, A las 3am fuimos al doctor y nos lo confirmó, ¡¡¡ pronto nacerías!!!! (ya llevábamos 3cm de dilatación y 80% de borramiento)

Regresamos a casa y me despedí de ti, pues aunque estaba feliz porque sabía que faltaba poco para tenerte en mis brazos, sabía también que dejaría de sentir esas pataditas y esos movimientos dentro de mí, donde ibas de lado a lado, donde sentía e imaginaba tus pies, tu espalda, tus manos, tus rodillas, tu cabecita... No sabes cuánto adoraba acariciarte, te tocaba en todo momento y disfrutaba cada uno de tus movimientos dentro de mí aunque a veces eras tan inquieta que me lastimabas y lo único que te podía calmar era la voz y las caricias de tu papá… y de todas esas sensaciones me despedí.

Poco a poco, conforme avanzaba la noche, todo iba en aumento, eran demasiados sentimientos y pensamientos que cruzaban mi mente, te imaginaba y entre contracción y contracción podía descansar y dormir un poco... en cada sueño soñaba contigo.

He de confesarte que no todo fue un cuento color de rosa, no te miento, hubo contracciones que me llevaban al límite, pero en realidad ¿cuál era el límite? si con cada una iba más allá del límite anterior.... En realidad, nunca hubo un límite, porque cada contracción solo era para prepararte para la siguiente... el dolor me corría hacia las piernas y ahí fue cuando por un momento quise ser una bruja, poder sacarme las piernas y quitarme el dolor por un momento... pero en lugar de convertirme en bruja... me deje llevar por ángeles... El primero fuiste tú, tu fuerza dentro de mí, pidiendo nacer, decidiendo el momento de hacerlo, sin forzarte a una fecha y hora programada, tu decidiste cuando llegar a mis brazos y ya faltaba muy poco.... El segundo fue tu papa que con su amor, paciencia y paz nos acompaño en cada momento, te abrazó, me abrazó, me guió con esa paz, nos ayudó a ver lo fuerte que éramos las dos y logró que esa fuerza la usáramos para vivir cada momento, los de calma, los de desesperación, los de transformación... si, transformación, porque hubo momentos donde no era yo, pero tampoco fui bruja, lo que si  fui  fue un gato, grite

como gato, sentí como gato, me moví como gato… y aún así, tu papa nos abrazó.... El tercero fue Jackie (nuestra doula) que nos ayudó a tener calmar esos momentos donde creí no poder más, donde me ayudó a ver que yo podía hacerlo, a darme la convicción de que ¡YO PODIA!, a hacerme ver que mi cuerpo estaba diseñado para darte vida, que todo iba bien y que tú sabías lo que tenias que hacer para nacer y que a pesar de todo lo que nos dijeron tu y yo lograríamos tener un buen parto.

Ya faltaba poco, te sentí a no más de 1.5cm,  ya te podía sentir con mis dedos... y así, con 8 de dilatación y a las 8:30am salimos hacia el hospital, ya era jueves, hora pico, teníamos que llegar pronto pero debíamos ir despacio pues ya estabas muy presente, ¡querías nacer YA!... Llegamos al hospital y  ya nos esperaban en la entrada,  el 4to ángel estaba ahí, Sergio, nuestro médico...bajar del coche fue difícil, las piernas dolían, creí no poder bajar del coche, pero Sergio, con su mirada en calma nos hizo darnos cuenta de podíamos lograrlo... Llegamos al módulo de parto en agua, nos revisaron y estabas a minutos de nacer… rompimos membranas... Teníamos que movernos ya... con dificultad llegué al módulo de agua, ¡sentir el agua en mis piernas fue como un sedante¡... Y entonces mi cuerpo y tú me hicieron ver que había llegado el momento de impulsarte a nacer.
Todo cambió en ese momento, el dolor era diferente, ya no dolían las piernas, pero había una sensación de ti abriéndote camino para salir, ¡ya te podíamos ver!... y de nuevo creí no poder mas, creí no poder lograrlo… pero entre todos los ángeles a mi alrededor me hicieron ver que ya lo había logrado, que solo faltaba muy poco …. Y entonces… ¡te vi! ¡Estabas ahí! Luchando por nacer, pidiéndome nacer… todo en mi cambió en ese momento, el cansancio de horas sin dormir, el dolor que había sentido se quedaron atrás y solo pude llamarte, y grité, pero grité tu nombre….Andrea… como un mantra de unión entre las dos y un llamado  a la vida…¡TÚ VIDA!… y entones sucedió con solo un esfuerzo más…. ¡NACISTE!
Te tomaron en sus manos tu papá y Sergio y te colocaron en mi pecho, en ese momento me  di cuenta del privilegio y la fuerza que tuve al darte vida y te sentí así: tan pequeña y tan perfecta, tan alerta y con tanta paz, con tu mirada profunda y aun unida a mi…mi mundo cambió, el amor se volvió mi mayor prioridad… amor a ti, amor a la vida, amor a la familia que somos… Aún unidas te miré y poco a poco te recorrí, te tome en mis brazos, sentí tu piel, tomé tu mano, toqué tu pie, sentí tu respirar, sentí nuestro latir juntas... y llegó el momento de separarnos, nos miraste fijamente y tu papá cortó el cordón que nos unía, cerraste por un instante tus ojos y al abrirlos nos miraste de tal manera que parecía que sabias que ya empezabas a vivir por ti misma y que todo lo que habíamos pasado desde que buscamos concebirte hasta hoy fue el inicio de nuestra aventura de vida!!!

Y este es el inicio de tu historia, rodeada de ángeles, a quienes solo nos resta agradecer su compañía, su amor,sufuerza, su confianza en nuestra naturaleza, todo el aliento y cariño que nos dieron a cada momento…y en especial hay que darle gracias a tu papá que vivió cada momento a nuestro lado, que disfrutó y sufrió cada minuto del embarazo y el parto,  no cabe duda que llegas a un hogar lleno de amor… y a ti, solo me resta decirte que te amamos sin medida, que estamos y estaremos siembre aquí con los brazos bien abiertos para ti!!!!
Con infinito amor.

MÓNICA ÁLVAREZ HERNANDEZ (Tu mamá)

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17 años después de una cesárea
Testimonio de la experiencia más maravillosa que he vivido…
Puedo comenzar expresando que es muy triste que por practicidad como mujeres nos podamos perder de un momento único y maravilloso… vivir un parto de forma natural!!!!!
Estando programada para cesárea sólo por el simple hecho de haber tenido una cesárea hace 17 años… durante el embarazo, el ginecólogo que veía me pidió que me realizara un estudio de glucosa en el Hospital María José, nada es casualidad!!!... ese día estando ahí tuvimos la fortuna de conocer al Dr. Sergio Velasco, quien nos invitó a una plática que él mismo impartiría acerca del “Parto Humanizado”,  hecho que sin duda nos cambio la vida de tal forma que hasta cambié de ginecólogo, por supuesto descartamos la idea de la cesárea y hasta cambiamos de Hospital… Sergio nos inspiró tanta confianza,  me hizo creer en mí como mujer y nos hizo ver el parto como un momento único y maravilloso “mi evento”, también nos dijo que nosotros no teníamos por qué decidir qué día nacería nuestro hijo… nuestro hijo era el único que iba a decidir en qué momento iba a llegar… me dio la confianza y  seguridad de que mi cuerpo está diseñado para un parto natural y que mi útero después de 17 años estaba como nuevo y que “todo iba a estar bien”… y bendito Dios así fue!!!.. tuve miedo, inseguridad, nervios… mis contracciones empezaron un mes antes… afortunadamente sin complicaciones y con medicamento para controlar las contracciones, llegamos a la semana 37 y el 22 de enero a las 6:00 am comenzaron las contracciones… al medio día que nos citó  Sergio para revisarme apenas tenía 2 cm. de dilatación. Me dijo: “vamos muy bien, las contracciones están buenísimas y si continúas así, en la noche nos vemos…” Regresamos a casa… y cuando comenzaron las contracciones cada minuto nos fuimos inmediatamente al Hospital… eran dolores tan fuertes que no hay algo que pueda aliviar ese dolor y por más relajada y tranquila que trataba de estar era imposible, yo me quería arrancar los cabellos, nunca me imaginé que doliera tanto, cuando la contracción venía respiraba y me paraba de puntitas yo creo que sentía ganas de volar!!... mi marido y mi hijo sin duda  fueron las mejores dulas y quienes llevaron tal vez la peor parte. Yo de verdad no sabía ya qué más hacer para ayudarme un poco!!!... llegamos al hospital casi a la 1:00 am del día 23 de enero… cuando vi al doctor le pedí que por favor me diera un analgésico o algo pues de verdad ya no aguantaba más el dolor y sentía que ya no podía más… y él me dijo: “no te puedo dar nada porque si se llegara a desgarrar o a romper el útero no me daría cuenta”,  al momento de revisarme me dijo tienes ya 6 cm. y yo dije ¡¡¡nooooooo!!!, ¡¡¡me faltan 4!!!, y él con toda la tranquilidad me dijo: “tranquila lo estás haciendo muy bien...” Nos fuimos caminando por el pasillo hasta el elevador para subir a la habitación donde al llegar se presentaron las enfermeras para llenar los formatos correspondientes por el ingreso… me dolía tanto que ya no podía ni respirar!!... y todos me decían respira, respira... mi hijo y mi esposo tenían una cara de angustia de sólo verme, afortunadamente después de una hora salió el tapón  mucoso y fue cuando ya no pude dejar de pujar, el cuerpo es maravilloso, era instintivo y cada vez era con mayor fuerza, ya no podía parar…  me pasaron al módulo acuático!!... el pensar que al llegar a la tina y sentarme en el agua me relajaría  me ayudaba mucho, pero no!!!!!!… no me pude sentar, llegué y me abracé de la tina hincada,  porque además tenía mucho calor!!!...  no quería hablar con nadie,  pensaba en mi abuela que tuvo 5 hijas de forma natural, pensaba en las rinocerontes que tardan 60 horas en labor de parto… sentía que me iba a morir del dolor…todo estaba en silencio, mi esposo trataba de hacerme aire para el calor y me  ponía agua caliente en la cadera… escuchaba la voz de Sergio diciéndome que este dolor es un dolor sin rencor, que imaginara como le iba abriendo el camino a mi hijo… me dijo que podía gritar y grité, pero pensé que si gritaba iba a espantar a mi hijo; cuando se rompió la bolsa salió la membrana hermosamente blanca y fuerte, algo así como un guante de látex… en un momento más me dijo vas a sentir como te arde y así fue… en ese momento yo le dije ya viene, ya viene y Sergio me dijo “Sarai baja tu cadera para que nazca en el agua…siente ya está saliendo tu hijo”…, me toqué y sentí su cabecita, su cabellito… seguí pujando más fuerte y dentro de mí, me decía “ya va nacer y ya no me va a doler”… y así fue… lo vi como salió de entre mis piernas, bajo el agua. Fue el momento más increíble y hermoso, mi hijo había nacido ¡!!! Lo vi con sus ojos y sus bracitos abiertos, lo tomé en mis brazos y hasta ese momento me pude sentar… “bienvenido seas mi vida”, le dije!!... (3:40 am) y en ese momento ya no me dolía nada!!!... no había dolor!!!...  y fue hermoso tenerlo en mis brazos, sentir como seguíamos unidos por el cordón umbilical que aún seguía palpitando… Sergio nos pidió que ya se lo llevaran para revisarlo y secarlo ya que estaba haciendo mucho frío!!, la mayor bendición en la vida ha sido ver que nuestros hijos están sanos y  completitos!!!... al momento que se llevaron al niño para limpiarlo y revisarlo me pasaron a una cama para limpiarme y coserme ya que tuve un desgarro de 2do. grado, el doctor recibió mi placenta y es increíble ver como sale aún calientita, sale con vaporcito a la cual con todo respeto le di las gracias por haber nutrido a mi hijo durante el embarazo… me cosieron y sentía que mi cuerpo no dejaba de temblar!!!... en un momento en cuanto mi hijo estuvo limpio y vestidito me lo dieron y desde ese momento estuvimos juntos e inseparables….


 Agradecida a Dios, a la  vida , al doc porque como médico siempre estuvo cuando lo necesitamos!!.. Y a mis grandes amores mi esposo y mi hijo por su inmenso amor, sus cuidados, paciencia y por estar y compartir conmigo desde el inicio y hasta el  momento más bello del embarazo: el parto!!!...

SARAÍ GUERRA ARROYO

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El mejor viaje de mi vida

Era el día de mi cumpleaños cuando me enteré que Dios me había mandado la mejor bendición que puede enviarle a una mujer en la vida: "ESTABA EMBARAZADA".
Comencé  como todas creemos que debemos empezar esta etapa: ir al doctor y llevar un proceso como si todo fuera ya premeditado...llena de ilusiones, miedos, incertidumbres pero en el fondo feliz por el pedacito de cielo que ya vivía dentro de mí... Fueron 36 semanas en las que el ginecólogo, amigas, conocidas, vecinas y cuanta mujer que pudiera, me daban algún consejo o vivencia con la intención de ayudarme, pero solo me llenaron de dudas... Únicamente escuchaba historias que me atormentaban y me hacían dudar de la decisión que desde un principio había tomado: tener a mi bebe de forma natural.
Tenía ya mi última cita con el ginecólogo, para quien estaba todo listo para hacerme una cesárea, porque me decía  que en ultrasonidos previos encontró que mi bebé ya se había enredado con el cordón umbilical y que nunca podría nacer de forma natural y ya no tenía yo más opción que ser programada para cirugía... pero a esa última cita con aquel ginecólogo que me atendió durante esas primeras 36 semanas nunca acudí. Tuve una semana para hacer a un lado mis miedos de cambiar de doctor y lo hice, tomé la decisión de buscar una segunda opinión, contando con el respaldo de mi familia y de mi madre que siempre estuvo a mi lado. Fue justo entonces cuando llegué a las manos de quien considero, como alguien más ha dicho en otros testimonios, unos ángeles que Dios me mandó para que estuvieran justo ahí en el momento más especial de toda mi vida: el Dr. Sergio Velasco y Jackie, mi doula, que casual y curiosamente había sido una amiga de la preparatoria y que hacía ya un par de años que no veía. 

El día de mi cita con Sergio toda mi perspectiva cambio. El borró mis miedos y confirmo mi idea de tener a mi bebé de forma natural, pero había un plus: que no solo fuera un parto natural, sino que fuera un "parto humanizado". Me explicó con todo detalle cómo sería mi parto en agua y me sacó del pensamiento  la idea de que tenía que ser realizada una cesárea porque mi bebé venia enredado en el cordón umbilical. Recuerdo perfecto el ejemplo lógico que me dijo: “Antes no había ultrasonidos, entonces no había manera de saber si los bebés traían el cordón enredado o no, y así nacían bien los bebes”. Me dio los datos de una doula y así, en ese momento, sin dudarlo más, dije: “Si, si quiero que mi bebé nazca de esa manera”. Entonces busqué a Jackie y me sorprendió que aquella amiga que compartió el salón de clases conmigo años antes, sería quien compartiría también el mejor momento que me esperaba: el nacimiento  de mi bebé.
Sabía que me quedaba poco tiempo porque para entonces ya estaba yo cursando la semana 37.
Cuando llegué por primera vez con Jackie, me dijo: “no te preocupes estamos a muy buen tiempo para que nos preparemos para la llegada de tu bebé”. Con este segundo ángel que fue mi doula compartí horas de tranquilidad. Aprendí mucho de ella; me ayudó a visualizarme como alguien fuerte, como una guerrera, como lo somos todas las mujeres que tenemos la bendición de ser madres. Me dijo que nuestro cuerpo está preparado para esto y me dio la confianza de que  lo iba a hacer muy bien y la tranquilidad de que ella iba a estar ahí, siempre junto a mí. Sus palabras me ayudaron mucho, me sentía segura de mi misma y más porque ella siempre me dijo: “no veas las contracciones como sinónimo de dolor, ni digas ya me voy a aliviar porque no estás enferma”. Me quite todas esas ideas de la cabeza y  me mentalice de una forma que ni siquiera yo misma me esperaba. Durante el par de semanas que estuve con ella, confieso que llegué a desesperarme porque pasaban los días y no sentía nada, me dio una lectura que me ayudo a describir así mi parto, como el mejor viaje de mi vida. Fue así como llegué a la semana 40 cuando mi bebé por fin dio señales de que era el momento de emprender un viaje en el que solo él y yo nos subiríamos juntos, siendo uno mismo, y contando con el mejor respaldo que pude haber tenido: mi mamá, Jackie y el Dr. Sergio, las personas que Dios puso en mi camino para que me dieran esa seguridad y esa fortaleza.

Era miércoles 20 de junio y comenzaron las contracciones alrededor de las 4 de la tarde, sabía que mi viaje había iniciado. Comencé por tranquilizarme e ir sintiendo cada cambio que había en mí, cada movimiento de mi bebé, cada contracción que venía y se iba... recordaba tanto las palabras de Jackie y de Sergio. Alisté mis maletas. Pasaron un par de horas hasta que llegó el momento indicado para ir al hospital. Era ya la una de la mañana. Sergio me esperaba ya ahí para ver cómo iba mi dilatación. Tenía ya 4 cm y la decisión era quedarme ya en el hospital o irme a casa porque aún faltaban 6 cm. Decidí quedarme y  me fije en la mente la idea que las contracciones eran tolerables y que no lo relacionaría con la idea de dolor y menos de sufrimiento. Eran las 4 de la mañana cuando fue el momento de ir a un lugar tranquilo, relajado, bonito, el mejor lugar para que naciera mi bebé. Recuerdo que había una luz tenue y una tina, el sonido del agua me relajó. Me sumergí en el agua tibia y sentí una sensación de alivio. Ahí solo éramos él y yo, estábamos en aquel viaje del que deberíamos de regresar juntos y victoriosos. Después una gran labor -tanto él me ayudaba como yo a él- había música, un rico olor a incienso, dos manos que nunca me soltaron, la de mi madre del lado derecho y la de Jackie del lado izquierdo. Sergio era lo primero que veía si abría los ojos.  Sentía la conexión mas fuerte con mi bebé, sentía como bajaba con cada contracción. Tomé mi ritmo; no recuerdo perfectamente que sonidos me salían desde el fondo de mi ser, era el sonido no solo mío: era de los 2, estábamos logrando lo que más deseaba,  terminar el viaje y por fin tocar la piel de mi bebé. Por fin conocer su rostro.
Pude tocar su cabeza antes de que saliera, y escuche una voz que me dijo: “ya casi nace tu bebé”. Después de una contracción, sentí como mi bebé y yo lo habíamos logrado; en ese momento abrí lo ojos, Sergio tenía a mi bebé en su manos y lo acercó a mi pecho. Eran las 6:30 am, Mateo, mi bebé, había nacido,  tenía los ojitos abiertos, me miró y así con esa tranquilidad se quedó cerca de mi pecho, de mi corazón. Se desprendió de mí, pero puedo decir que nació el amor más inmenso que jamás imagine que existiera, después de esos primeros minutos mi mamá corto el cordón.
¡Wow! el viaje había terminado 21 de junio del 2012; 6:30 am. Me encontraba ahí en un lugar mágico, con 3 ángeles y con el amor de mi vida: MI HIJO. Fue así como confirmé que Dios existe y me hizo vivir lo mejor que pudo haber pasado.
No existen palabras para agradecer infinitamente a Jackie, al Dr. Sergio y a mi mamá... Dios los bendiga siempre

DULCE A. EVANGELISTA FLORES

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La mejor opción para mí

Después de la gran emoción que causó la noticia de mi embarazo, de las millones de felicitaciones y de los nuevos planes que cambiarían mi vida, uno de los mayores temores que tenía era sin duda alguna el momento del parto, ya que para mí esa palabra era sinónimo de dolor en su más pura expresión.
Ni tardos ni perezosos decidimos buscar ayuda al respecto y afortunadamente encontramos un curso psicoprofiláctico en donde, a mi esposo y a mí, nos orientaron en todos los aspectos de la nueva etapa y es que, por absurdo que parezca, cuando nos convertimos en padres primerizos tenemos temor hasta del aire que respiramos.
En el primer trimestre del embarazo teníamos revisiones médicas en un hospital de gran renombre en la ciudad de México, nuestra ginecóloga era una persona sumamente dulce lo cual nos hizo pensar que estaríamos en buenas manos el resto de la gestación; sin embargo, esto no sucedió así, pues dicha doctora trataba de convencernos de que una cesárea “sería lo más fácil para todos,  no sufriría dolor y tendríamos a nuestro bebé en brazos en menos de una hora”. ¿Lo más fácil?, ¿sin dolor?, hasta donde me había informado, la cesárea fue un descubrimiento que revolucionó la medicina humana, pues reducía la probabilidad de muerte en madre e hijo solo en caso de emergencia y de que fuera necesaria. 
Esta situación me hizo sentir incómoda ya que la ginecóloga jamás nos preguntó como habíamos planeado el nacimiento del bebé, si era viable o no, etc. En esos momentos no pensaba otra cosa más que la doctora estaba pasando por alto mis derechos y deseos como paciente y futura madre, así que… muchas gracias por participar “dulce” doctora.
¡¡ ¿Entrando al segundo trimestre de gestación y nosotros sin doctor?!! ¡Que angustia! (pensaba). Afortunadamente eso cambio cuando conocimos al doctor Sergio Velasco en una conferencia que impartió sobre el parto humanizado en el centro psicoprofiláctico, en ese momento mi esposo y yo, sin decirlo, supimos que ese era el parto que nosotros queríamos y que sería con él con quien queríamos atendernos.
Confianza y seguridad fue lo primero que percibimos del doctor dada su amplia experiencia en el tema y el plan que nos propuso para tener un parto humanizado en agua hizo que de inmediato contratáramos sus servicios.
Momentos inesperados…
Hasta este momento la evolución de mi embarazo fue de lo mejor y bajo lo planeado, sin embargo, una semana antes del parto (mediados de la semana 39) nos enteramos que mi bebé se había cambiado de posición y estaba transversal. De inmediato me imagine en una cama quirúrgica, con bata de hospicio, con anestesiólogo y un sinfín de cosas, ¡Que estrés…! El doctor, por su parte me sonrió, me tomó de la mano y me dijo “hagamos lo siguiente: te vas a ir a tu casa, descansarás y esperaremos una semana más para ver que sucede, si persiste esta situación evaluaremos cuál será la mejor opción para que tu bebé nazca, mientras tanto tu relájate que en una semana pueden pasar muchas cosas”.
¡¡LLEGÓ LA HORA!!

Efectivamente una semana después mi bebé se había acomodado para nacer según nuestros planes, lo cual me hizo mucho más feliz.
El lunes 16 de abril desperté a las 6 am con contracciones que eran soportables, como un cólico. No imaginen que es como en las películas que a la primera contracción gritaba de dolor, no, nada de eso.
A las 9 de la mañana asistimos a consulta médica y el doctor Sergio nos confirmó que estábamos en trabajo de parto, teníamos 2 cm de dilatación, ¡Que emoción, llegó la hora! Por lo que nos mando a casa mientras nos mantuviéramos en contacto con él.
En las siguientes 6 horas las contracciones fueron aumentando su intensidad pero nada que no pudiera soportarse, así que decidimos salir a caminar por la colonia, ir a la tintorería, comer un helado y sobre todo, ser muy pero muy pacientes.
A las 4 pm mi ginecólogo realizó un chequeo, “Tienes 5 cm, vas muy bien, llevas la mitad”. Fue entonces que decidimos quedarnos en el hospital dado que las contracciones eran cada vez más fuertes y no quería padecer de eso en el tráfico del día a día de nuestra hermosa ciudad.
He de confesar que cuatro horas después sentía que no podría aguantar mucho tiempo con las contracciones y apenas habíamos aumentado escasos 2 cm de dilatación. Afortunadamente en ese momento llegó mi doula que de no haber sido por ella esta historia hubiese tenido un final distinto. Gracias a su aromaterapia, ejercicios en pelota y otras actividades hicieron que el proceso fuese más llevadero.
11 de la noche, “Tienes 9 cm de dilatación, no has roto fuente pero vas de maravilla, ya no falta mucho” nos comentó el doctor. Después de esas palabras alentadoras lo único que pensaba era “¡¡Ábranme en este preciso momento por favor!!”. Las contracciones eran seguidas, una tras otra y el dolor era muy intenso, probablemente indescriptible pero que se hizo llevadero gracias a mi esposo, a mi doula y al doctor. Con dicha dilatación me pidió que entrara a la tina, así lo hice y afortunadamente para mi, las contracciones comenzaron a ceder, lo que me hacia descansar algunos minutos; sin embargo, esa situación no era favorable para finalizar el trabajo de parto, por lo que tuve que salir de la tina y caminar por todo el hospital otra vez.
Una hora más tarde por fin habíamos llegado a los 10 centímetros y entonces sí, vamos de nuevo a la tina. Esta última etapa del parto fue sumamente cansada pero en esos momentos me alentaba saber que faltaba mucho menos para conocer a mi bebé.
Fue así como, después de 18 horas de trabajo de parto, comencé a sentir que  ¡Mi BEBÉ ESTABA NACIENDO! Para ser sinceros no recuerdo las decimas de segundo cuando nació la cabecita pero eso me hace pensar en lo maravilloso que es el cuerpo humano y como es que me “dopó” para no sentir ese dolor.

Lo que sí recuerdo es ver nacer el cuerpo, ver a mi bebé en el agua y ser solamente yo la primera en cargarlo por primera vez, su papá cortó el cordón umbilical cuando éste dejó de latir. Le contamos los dedos, vimos sus ojos, su cabello, etc. Fue sin duda lo mejor que nos ha tocado vivir y de las mejores cosas que le podemos ofrecer a nuestro pequeño. El 17 de abril del 2012 a la 1:35 am nació nuestro hijo, pesando 3.605 kg y midiendo 51 cm. Salimos del hospital ese mismo día siendo una nueva familia, con nervios pero con la mayor felicidad habida y por haber.
Para nosotros la mejor opción fue tener un parto humanizado y afortunadamente fue posible, por lo que lo recomiendo ampliamente y ¡Sin dudarlo un segundo, volvería a vivir esta magnífica experiencia!
Recomiendo que se informen y busquen el especialista que les inspire confianza y sobre todo que respete sus planes, que no les trate de imponer la “mejor opción para todos” y que siempre es válido tener una segunda opinión (o las que sean necesarias). Por último considero importante recalcar que es nuestro derecho decidir la manera de recibir a nuestros bebés, defendámoslo y en manera de lo posible, intentemos ejercerlo.
¡Felicidades!
Deseo que tengas una hermosa experiencia de parto.

Alba Rosa Hernández Barbosa

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Parto natural después de 2 cesáreas... "SÍ SE PUEDE"

Hola, les voy a contar brevemente mi historia:

Me llamo Mónica, tengo 37 años y mi último parto fue natural y humanizado. ¡¡¡La experiencia que viví fue maravillosa!!!.

Por temor al dolor, consejos de familiares y amigos, mis 2 partos anteriores fueron cesárea, pero en éste último embarazo no me deje influenciar por nadie y quise "escribir mi propia historia".

Empecé con pequeñas contracciones desde las 11 am y mi bebé nació a las 5 am del siguiente día, fueron 18 horas de trabajo de parto, de las cuales lo más difícil fueron las últimas 5 horas, que para mí es nada comparado con el dolor post-cesárea.

Tuve un parto natural acuático y fue increíble que cuando mi cuerpo entró a la tina de agua caliente, se me quitaran los dolores de parto y solo sentía la necesidad de pujar. Mi bebé tenía el cordón umbilical enredado en su cuello, pero sin ninguna complicación salió, nació de 51 cm, 3,390 g, de 40 semanas y en excelente estado de salud; fue hermoso poder recibir a mi bebé estando yo casi sentada y totalmente consciente, tenerla en mis brazos por unos minutos, acariciarla, ver como mi esposo le cortaba el cordón umbilical y hasta tomarnos fotos y entonces, como por arte de magia se desaparecieron todos los dolores después de que nació.

La recuperación fue muy rápida, podía caminar sin dolor, subir y bajar escaleras, y a los 3 días ya andaba conduciendo.

¡¡¡Si se puede tener un parto natural después de 2 cesáreas, yo soy prueba de ello!!!

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Mujer Sabia

El embarazo fue una etapa que disfruté intensamente, a pesar de sentir los malestares inherentes al mismo, me hizo madurar y comprender de una manera mas profunda mi ser como mujer, el hecho de poder crear una vida, de nutrirla y de protegerla desde mis entrañas, me hizo apreciar la vida aún más y venerar lo que es ser mujer y madre como nunca antes.

El propósito de mi anécdota es meramente expresar mi experiencia y con ello poder contribuir a difundir el parto en agua y el parto humanizado como otra alternativa de nacimiento. Espero que pueda ayudarte a decidir y alentarte a que quieras parir de una manera mas natural, no busco convencerte de que es la mejor manera pero si hacerte saber que fue la que a mi me hizo muy feliz y que existe esa posibilidad para ti también.

Siempre supe que quería una manera especial de recibir a mi hija, pero no me visualizaba en una sala de parto convencional y lo que menos quería era sufrir violencia obstétrica, ni que me maltrataran por el simple hecho de estar a punto de dar vida. En el transcurso de mi embarazo me fui informando acerca del parto en agua, y cada día mi esposo y yo nos convencíamos más de que así sería la llegada de nuestro pedacito de mujer. Fuimos al Hospital María José Roma porque en internet supimos que el Dr. Sergio Velasco promueve y esta a favor del parto vaginal, creo que su labor es merecedora de reconocimiento ya que dirige sus esfuerzos para impulsar el parto humanizado.

Comencé a ver videos, leer testimonios, artículos científicos, a conocer los beneficios del parto en agua, en fin, realicé una búsqueda con todo lo relacionado al parto, el como nacen los bebés, que complicaciones podrían presentarse, etc. Lo que más me atraía era el hecho de que mi bebé naciera de la manera mas tranquila posible, en un acto intimo y lleno de amor, en compañía de mi esposo, el darle la bienvenida de una manera especial, porque es una experiencia única e irrepetible.

Soy acérrima creyente de que tenemos la capacidad de parir, traemos esta sabiduría inseparable, la naturaleza es sabía y confío en ella. Así pues, llegó el tan esperado día, al presentarnos en el hospital ya tenía 6 cm de dilatación, en cuanto ingresé al modulo acuático sentí un gran alivio ya que percibía más suaves las contracciones, aunque estas no hayan bajado de intensidad. El estado de ingravidez me permitió sentirme menos pesada, no necesite ninguna intervención médica como suero, goteo de oxitocina, epidural, prostaglandinas, rasurado púbico, enema, etc. Me sentía relajada al punto de querer dormir, así pasaron casi tres horas, en compañía de mi esposo que no soltó mi mano ni un momento, todo era tranquilidad en mi pensamiento, las contracciones cada vez mas fuertes, fueron soportables gracias al consejo del Dr. Velasco, “ Cada contracción es una menos para tener a tu bebé en brazos” y así lo pensé.

Confiaba en mi capacidad de parir a mi ritmo, sin prisas, tranquila, escuchando mi cuerpo, pujando, gritando, como yo lo quisiera, sin el miedo a ser juzgada o callada. Cuando ya tenía los 10 cm de dilatación sentí la necesidad de expulsar, jamas olvidaré el sentimiento de alegría que me causo ver a mi bebe que ya estaba coronando, el sentir tan cerca el momento de por fin poder abrazarla fue muy emotivo. “No pelees contra las contracciones, déjate ir con el dolor “, fueron las palabras para poder sacar mas fuerzas y finalmente tener a mi petit bout (pedacito) con nosotros.

El domingo 4 de mayo de 2014 a las 14:35 hrs nació Sofía, tuve la dicha de recibirla despierta, consciente, de sentirla inmediatamente, de olerla y cargarla enseguida. Supe en fin que mi hija y yo fuimos complices y un equipo durante el trabajo de parto, ella supo como nacer y yo como prepararme para darle la bienvenida en este mundo, desde ese momento comenzó la complicidad madre-hija. Yo no sufrí el parto, lo disfrute y me gustaría que muchas mas pudieran decir lo mismo, es por eso que te comparto mi experiencia. Tienes el derecho a elegir, busca el espacio ideal para ti. Prepara tu cuerpo y mente, informarte como yo lo hice para que así tomes decisiones, y estes lista para el gran día.

Mi anhelo se hizo realidad, tener un parto bonito, inolvidable, la mejor experiencia sin duda, así fue, en intimidad, en un ambiente acogedor y agradable. Es por ello que una y mil veces recomendaría el parto en agua, atrévete a creer en ti y en tu capacidad de parir.

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